La práctica de mindfulness es un antídoto contra la desatención –y contra las consecuencias no deseadas de la desatención (confusión, errores, perdida de autocontrol, accidentes, conflictos, oportunidades perdidas, dificultad para vivir plenamente y disfrutar del momento presente).
A medida que practicamos, percibimos con mayor claridad lo que sucede en nuestro cuerpo-mente y entorno inmediato, así como los efectos que tienen nuestras actitudes y acciones sobre los demás. Este conocimiento nos habilita para transformar nuestra experiencia y nuestra respuesta frente a las cosas que nos pasan. En lugar de permanecer atrapados y limitados por nuestros patrones reactivos, o de reemplazar viejos condicionamientos por otros nuevos, podemos ser más creativos, proactivos y libres, tomar mejores decisiones y propiciar cambios beneficiosos.
Vivir más conscientemente permite también darnos cuenta de que todo momento es precioso y único, precisamente porque es efímero y no puede repetirse ni conservarse . . . un beso, un atardecer, una comida compartida. Cuando este saber es genuino (y no solamente una creencia adoptada), puede transformar radicalmente la concepción que tenemos de nosotros mismos, de nuestras vidas y de nuestras relaciones con los demás.
Naturalmente, los beneficios de mindfulness se manifiestan paulatinamente de acuerdo con la asiduidad con la que uno practica. Para más detalles vea el taller "Entrenamiento de la Mente".